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Desiderátum mujer

Por Tomás E. Holguín

fuego

Esta noche.

 

Soltemos nuestras ataduras,

para que nuestras miradas se crucen entre sí

libres y llenas de lujuria;

y que la noche se sature de pasión y ternura.

 

Soltemos las ataduras

para que nuestros cuerpos vibren al unísono,

a consecuencia del choque lascivo y concupiscente

del uno contra el otro,

al igual que nuestras momentáneas almas.

 

Si te dispones a la libertad

yo me dispondré de igual modo,

y así, juntos

llenaremos el espacio nocturno

de magia, fantasía e ilusión,

con la materialidad de nuestros cuerpos

beso por beso,

caricia por caricia,

lamida por lamida,

aquí y acullá.

 

Soltemos nuestras ataduras,

que la situación es propicia

y las circunstancias nos convocan a ello

esta noche,

entre vos y yo.

 

Pasión.

 

Mi pasión eres tú.

Mi vida eres tú.

 

Mi existencia se encoge sin ti.

Se enfría sin ti.

 

Me apasiona prefigurarte, figurarte, configurarte

y después tocarte.

 

 

El grito de la resistencia

Por José Aureliano Buendía

imageGrito

Pa dxiiti guiluxhe guenda ridinde di’

De dxii gati’ gubidxaca.

¿Cuándo terminara la lucha?

Cuando el sol se apague

Maestro Oaxaqueño durante el grito magisterial

A cuarenta y ocho horas de haber sido desalojados del zócalo de la ciudad de México, mediante un telegénico operativo policiaco-militar, los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) salieron nuevamente a las calles el día 15 de septiembre. Envueltos por la solidaridad de miles de capitalinos –estudiantes en su mayoría- y con la presencia de contingentes magisteriales de Veracruz, Puebla, Chiapas, Distrito Federal, Estado de México y Oaxaca, alrededor de las cinco de la tarde partió la “marcha del desagravio”. Desde la estela de luz, la indignación generada por el violento desalojo de los maestros transitó por la avenida de la Reforma hasta llegar  a la Plaza de la República (alrededor de once mil), en donde parecen haber brotado -como por generación espontánea- cientos de hules multicolores que apenas y ayudan a cubrirse de la lluvia, incesante, como el ánimo de los educadores.

Bajo el Monumento a la Revolución, la mesa de acopio no ha dejado de recibir víveres y ropa, muestra de que no todos los capitalinos han sucumbido ante el bombardeo de opiniones encausadas a denigrar y criminalizar el movimiento magisterial. Sin embargo, el número de docentes que se mantiene en la ciudad de México está lejos de aquellos treinta mil que el diecinueve de Agosto lograron impedir la sesión de la cámara de diputados, donde se disponían a aprobar las leyes reglamentarias de la reforma educativa, ignorando la opinión del magisterio democrático vertida reiteradamente a lo largo de cinco meses en foros y mesas de trabajo.

Lo sucedido después de aquel día: la simulación del gobierno -ejecutivo y ambas cámaras- de escuchar las razones de los profesores y la final aprobación de tres leyes reglamentarias con algunas modificaciones concedidas ante la férrea lucha del magisterio, mellando el  filo de la reglamentación original. Por el otro lado, una histórica jornada de resistencia civil en la capital, mantenida sustancialmente por los maestros de la sección 22 de Oaxaca y las movilizaciones de miles de maestros en veintitrés estados de la república.Y en días recientes, vastos de contingentes estudiantiles de la ciudad de México.

Éste, es el escenario en el que los difamados maestros de México, se aprestan a celebrar la fecha más simbólica del nacionalismo mexicano, luego de haber sido desalojados de la principal plaza del país, en nombre de la patria y la paz.

En un Zócalo que nada tiene que ver con el ánimo festivo de los mexicanos, ausente de matracas, elotes y antojitos –joya de nuestra gastronomía- .Una plaza cercada de sofisticados arcos detectores de metales que cuidan la entrada por donde accesaría la base clientelar del partido en el poder.

Juan Gabriel y los Ángeles Azules se presentan ante una plaza de la constitución, a modo, para el presidente, con cientos –tal vez miles- de personas acarreadas desde el estado de México e Hidalgo donde el PRI ejerce el erario público para comprar “apoyos” y ganar elecciones.

Contrastando con el gigantesco set de  televisión montado en el zócalo de la ciudad,  a escasos dos kilómetros, un austero templete improvisa el programa político y cultural en conmemoración de los 203 años de la gesta independentista, con una serie de oradores que no han tenido cabida el zócalo, ni en las pequeñas elites que definen la política, los presupuestos y la impartición sesgada de la justicia en esta nación.

“Adelante, atrás, a los lados. Aquí no hay acarreados”, puede escucharse entre la concurrencia que lentamente accesa a las inmediaciones del Monumento a la Revolución, por un estrecho pasillo, entre las carpas, donde los maestros se reorganizan después de dos días de miedo y zozobra ante la violencia ejercida por los gobiernos de Peña Nieto y Miguel Ángel Mancera. Mientras tanto, en las calles aledañas al palacio nacional un desmesurado operativo cuida minuciosamente el acceso a la plaza, que a las once de la noche será testigo del primer grito de “independencia” de  Enrique Peña Nieto cómo presidente de México. Paradójicamente en el monumento, milesde personas coreaban ¡Fuera Peña! y ¡México sin PRI!

En un letrero improvisado cerca del centro de acopio, se puede leer: “Recibimos insultos, amenazas, descalificaciones, cárcel, golpes, muerte. También víveres -Gracias-. No nos daremos por vencidos.” A unos metros, una fila de maestros recibe un plato de comida, preparada y servida por estudiantes y personas solidarias que después de la represión del viernes trece han acudido a ofrecerse cómo voluntarios en el campamento. Una familia llega de repente con una olla de tamales que empiezan a ofrecer entre los profesores. -Ande profe, pruébelos, son de hoja de plátano, están bien buenos. Me dice el hombre confundiéndome con un maestro

Entre las sombras del templete, a falta de iluminación, surgen las arengas y las muestras de agradecimiento a todos aquellos que acompañan a los profesores. Iniciando la lista, la voz de un electricista se escucha por las bocinas, para reiterar su apoyo a la Coordinadora -CNTE- y a todos los maestros que “nos han dado una lección de dignidad”, también recuerdan la lucha que desde hace cuatro años mantiene a diez y seis mil trabajadores del Sindicato Mexicano de Electricistas con la exigencia de recuperar los empleos que les fueron arrebatados con un artero operativo policial para ocupar las instalaciones de la extinta Luz y Fuerza del Centro en 2009.

Mientras el grupo de danza folclórica y la rondalla de la sección 22 de la CNTE apresuraba los preparativos para su presentación en el escenario, un hombre proveniente de la comunidad de San Mateo del Mar, levanta una voz en wave para cuestionar la celebración de la independencia, sobre todo en aquella región del país, donde la empresa española Mareña Renovables pretende arrebatar el territorio perteneciente a los pueblos Ikoots y zapotecos que se oponen organizadamente a la instalación de molinos eólicos que amenazan su forma de vida y territorio. Al finalizar su mensaje, remata: ¡Vivan México! ¡Vivan nuestras lenguas originarias!

En Palacio Nacional se preparaba un festín para la selecta comitiva de invitados, setecientas personas en donde figuraban los secretarios de estado y las representaciones diplomáticas. En el zócalo, una mujer proveniente de Tecamachalco declaraba haber sido alimentada con mixiotes y tortas, comida y cena patrocinada por su presidente municipal quien envió 13 camiones para apoyar al presidente Peña Nieto.

Con una avenida de la republica repleta banderas mexicanas izadas en alto,  el escenario en el que se auguraba ya una noche oaxaqueña daba paso a Héctor Patishtán, hijo del preso político Alberto Patishtán quien hace unos días era nuevamente objeto de la injusticia sistemática por parte del estado mexicano, al ser ratificada la sentencia por 60 años a causa de un delito que no cometió. Mientras Raúl Salinas, Caro Quintero y don Neto, han salido libres pese a los cargos comprobados en su contra por enriquecimiento ilícito y narcotráfico, el poder judicial se ensaña con el profesor chipaneco al desestimar las pruebas de su inocencia y dar el mensaje político de que ser indígena, simpatizante del EZLN y maestro, en este país es castigado con todo  el peso de su ley. “Hoy no es día de estudiar, hoy es día de aprender”, clarifica Héctor, quien a su corta edad se ha convertido ya en un maestro que nos enseña a caminar, frente en alto, en busca de la justicia, que todos sabemos ha de llegar.

En el balcón del Palacio Nacional, se dejaba ver ya Enrique Peña Nieto acompañado por su familia, aquella que en reiteradas ocasiones ha mostrado su desprecio por las clases populares de este país. Ellos, los que señalan y sentencian a la prole, a los indios, a los nacos. Quienes cubren sus ojos con toletes y escudos para no ver al México de abajo, que ante cada injusticia le crece la rabia y que algún día se desbordara de hombres libres, que abrirán las plazas hoy tomadas por una fuerza carente de razón.

En el monumento a la revolución, un contingente surge de entre la muchedumbre haciendo retumbar sus machetes contra el piso, con la solidaridad como bandera, Ignacio del Valle toma el micrófono para recordar los crímenes de aquel que se apresta a dar el grito en palacio nacional. A continuación, en un ambiente tan familiar para todos aquellos educados en escuela pública, los honores a la bandera, igual a los que se rinden todos los lunes a lo largo y ancho de este país. Después, el himno nacional con el puño izquierdo el alto o la V de la victoria, se esparcía entre los miles asistentes. Finalmente, el himno venceremos que refresca la memoria de la jornada magisterial del 2006.

El escenario se abre a la calenda y los sones de las siete regiones del estado de Oaxaca, en un escenario empapado y resbaladizo, los maestros dan muestra de horas de ensayo para lograr la ejecución de las danzas, que a través de ellos, luchan por preservar su cultura y tradiciones. Pero sobre todo, la dignidad de su labor.

Bailes mexicanos

Por Ramón I. Centeno

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Durante mis estudios de doctorado en Inglaterra, he observado con mucha sorpresa la abundancia de grupos de danza folklórica mexicana alimentados por esa peculiar diáspora mexicana que es más nacionalista en el exterior que cuando estaba en casa.

Es cosa de ver a estos compatriotas bailar para convencerse del sentimiento colocado en escena. Movimientos bien ejecutados, frente en alto, mirada orgullosa… Las mujeres abanicando el aire con sus amplios y coloridos vestidos. Los hombres con las manos cruzadas atrás, dando pasitos rápidos y ligeros. Y yo, que nunca adquirí el don del baile, me pregunto ¿de dónde salió esto?

¿Por qué nos gustan esos bailes y esos trajes que, siendo fieles a la verdad, nadie encontrará en ninguna calle o fiesta de México? Estas preguntas tienen su importancia, y su respuesta permite entender –cosas que me quitan el sueño- por qué nos ponemos un sombrero de charro cuando vamos al estadio a apoyar a la selección mexicana de futbol.

Es curioso. Por un lado, los mexicanos nos quejamos de los estereotipos a través de los cuales el mundo nos mira. “Un alemán me preguntó cómo era mi burro.” “Mi casero me dijo que lo único que sabía de México es que había muchos cactus.” La lista es interminable. Pero, por otro lado, cuando queremos presumir “nuestra cultura”, solo reforzamos esas imágenes. Para entender mejor mi inquietud, considere usted que no verá en México o en ningún lugar del mundo grupos de británicos organizándose para vestirse y bailar como Mary Poppins, o japoneses haciendo lo mismo con sus kimonos.

No me malinterpreten. Creo, aunque no sé bien por qué, que hay que apoyar a estos grupos. Pero es pertinente la pregunta: ¿qué sentido tienen estos bailes mexicanos?

Los ballets folklóricos, al final, son de los últimos ecos que hoy en día podemos encontrar de la Revolución Mexicana. Son hijos y vestigios de una epopeya como ninguna otra que cimbró la imaginación política del país y su fisonomía durante todo el siglo XX. En su carácter de vestigio arqueológico, los bailes folklóricos son fantasmas; espectros que no se van del todo y a cada tanto nos confrontan directamente. Me explico.

Luego de complicados y largos años de ríspidos acomodos políticos que siguieron a la violencia de la revolución, comenzó a articularse un régimen político estable. La síntesis de esta decantación fue el Partido Nacional Revolucionario, más tarde recargado y rebautizado como Partido de la Revolución Mexicana por Lázaro Cárdenas. (El propio nombre confiesa la atmósfera política de la época.) Aunque después del sexenio cardenista este instituto cambió por última vez de nombre a Partido Revolucionario Institucional, su forma de ejercer la dominación política siguió pautas más o menos cardenistas -el llamado nacionalismo revolucionario- que duraron varias décadas hasta su agotamiento en la década de 1980 con el giro neoliberal de Miguel de la Madrid.

En todo ese lapso, el poder se presentó como la personificación del legado de la Revolución Mexicana. Por eso, desde temprano, el poder posrevolucionario dio un gran apoyo a las artes, de las cuales dependía para plasmar los ideales del nuevo régimen. De este impulso brotaron productos culturales como el muralismo mexicano con Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros o José Clemente Orozco. Más adelante surgió el cine de la Época de Oro. Así, la guerra civil que dio héroes como Villa o Zapata impactó una generación de artistas cuya inspiración y síntesis creativa encontró en el régimen político un apoyo vital. El PRI se volvió el promotor cultural no. 1 de “lo mexicano”. Eran los tiempos del “ogro filantrópico”, como denominaba Octavio Paz al régimen priísta.

El proceso mediante el cual ese arte revolucionario fue convirtiéndose en el arte oficial escapa los límites de este texto. Aquí solo quiero resaltar que ese fue un tiempo único, en el que los artistas mexicanos dejaron de imitar las modas europeas y, al contrario, buscaron inspiración en las propias peculiaridades de la realidad mexicana. Mediante este procedimiento, desprovisto de los complejos habituales de nuestros artistas, esa generación alcanzó el mayor impacto universal que las artes mexicanas han logrado.

Volviendo a los bailes, cuando la coreógrafa Amalia Hernández ideó y formó su Ballet Folklórico de México en los años 1950, se encontró con todo el apoyo gubernamental. Tal y como narra este ballet en su sitio web, el Presidente Adolfo López Mateos en su momento se propuso hacer de esta compañía de danza “el mejor ballet del mundo.” Tal era el fervor de mexicanidad engendrado por la Revolución, que la élite política seguía embriagada por ella. A su modo autoritario, por supuesto, emprendía su esfuerzo por (monopolizar) institucionalizar la Revolución. Cuenta el sitio web del Ballet el reto que en esos años le puso Televisa a doña Amalia: “Con la responsabilidad de sacar al aire un ballet nuevo por semana, […] [el] resultado fue sorprendente, pues se logró realizar un total de 67 programas”. De esta cascada de coreografías provienen (¿casi?) todas las que hoy bailan los grupos de baile folklórico. Imagine el tamaño de la Revolución que vivió México hace un siglo, que la élite encumbrada por ella promovía bailes inspirados en las tradiciones de las clases bajas, con sus trajes indígenas y sus elementos campesinos.

El giro neoliberal dejó estas y otras expresiones en el abandono, pero algunas hoy siguen entre nosotros como ecos de un tiempo en que lo popular no era “naco”, sino nuestra fuente de identidad. Su condición espectral, de reliquias que deambulan en una época que no es la suya, nos confrontan con una pregunta: ¿qué implica ser mexicana/o hoy?

En el fondo, estos fantasmas –como los “bailes mexicanos”- tal vez nos recuerdan una deuda que León Trotsky identificó en sus años de exilio en México: aún hace falta “completar la obra de Emiliano Zapata.” Ésta, por cierto, era también la idea de esos artistas de la generación de Diego Rivera, cuyo arte no era sólo “mexicano”, sino políticamente comprometido. Si pintaban una campesina o un obrero, se esforzaban por convencernos, en un lenguaje sencillo, de sumarnos a su sed de justicia.

Y esta es la labor que tanta falta hace hoy. No basta con promover bailes, máscaras de luchadores o el tequila. Hace falta, sobre todo, darle un sentido socialmente comprometido. ¿Con quién? Con esos millones de mexicanos que las estadísticas ponen detrás de una cifra y que el arte puede colocar delante de nuestros ojos.

“Un paso adelante, dos pasos atrás” Es hora de dar la batalla en otros escenarios

Maestras y maestros del POS

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 “Un paso adelante, dos pasos atrás”, es el título de

un artículo de Vladimir I. Lenin, el más genial

 político revolucionario de la clase trabajadora mundial

 y fundador de la primera República obrera, la URSS.

 

A las maestras y maestros de Oaxaca:

 

Al decir que con frecuencia debemos dar un paso adelante y dos pasos atrás lo que quería decir el teórico socialista ruso es que, en política, es decir, en los movimientos de las masas, no siempre es posible obtener todo lo que exigimos y que lo primero es analizar las relaciones de fuerzas entre las clases sociales en lucha. Si la relación de fuerzas es claramente favorable al proletariado, entonces lo conducente es exigir lo más posible y proseguir el combate; pero si las fuerzas de los trabajadores no son suficientes, entonces es necesario saber replegarse a tiempo, recoger lo ganado y retirarse momentáneamente de la batalla para preparar el siguiente round.

   La lucha de la sección 22 desató movimientos de maestros en 23 o más estados pero debemos reconocer que la mayoría de ellos son de apenas miles. De un gremio de más de un millón 300 mil apenas habremos logrado la movilización de una parte. El llamado paro cívico nacional del pasado miércoles 11 de septiembre no alcanzó la fuerza necesaria y la “megamarcha” de ese día fue una expresión de algunos miles pero no de los cientos de miles que se requieren para doblegar al Gobierno y sus aliados PAN y PRD. Ellos advirtieron la debilidad del movimiento  y por ello se dieron el lujo de desalojarnos del Zócalo sin demasiados problemas dos días después.

  Para peor, Michoacán se retiró de esta lucha y Guerrero, otro de los bastiones de la CNTE, tampoco se incorporó a esta batalla como era de esperarse. En conclusión, estos momentos nosotros apreciamos que la fuerza del movimiento magisterial se redujo y es insuficiente.

   El Partido Obrero Socialista publicó en su periódico El Socialista 370 que la lucha de la sección 22 y del magisterio logró modificaciones en las leyes secundarias. Por ejemplo, se preserva la gratuidad en la educación; se les dará nombramiento definitivo de base a los que cumplan seis meses como docentes (lo que hará más difícil su despido); a los maestros que tienen actualmente base no se les podrá despedir y si se les cambia de adscripción no se les quitará su nombramiento anterior. También se obtuvo que las escuelas normales sean durante los dos siguientes años los semilleros de maestros y que tengan la preferencia en la contratación. No aceptamos estas leyes pero estos cambios nos permitirán continuar la lucha en mejores condiciones. Además, es evidente que el Gobierno no se atrevió a cobrar el IVA en alimentos y medicinas porque de haberlo hecho hubiera provocado la entrada en la lucha de cientos de miles de obreros, trabajadores, colonos, campesinos, estudiantes y amas de casa. Y todo ello se debe a la gran y ejemplar lucha que hemos dado como CNTE.

   El movimiento magisterial debe aprender de la amarga lección de la huelga estudiantil de 1999-2000 en la UNAM. Los estudiantes ya habían ganado el 80% de sus peticiones pero sus dirigentes ultraizquierdistas se empeñaron en ganar el 100% y aun de plantear a las autoridades nuevas exigencias. La huelga, después de meses, perdió la participación de decenas de miles de estudiantes, se desgastó o se pudrió. El gobierno manejó a su antojo a los medios de comunicación en contra de la causa estudiantil y la policía rompió la huelga y apresó a poco más de mil jóvenes que estuvieron en la cárcel en promedio dos o tres meses. Lo que pudo ser una importante victoria parcial terminó en una dolorosa derrota de la que, a la fecha, el movimiento en la UNAM, trece años después, no se ha repuesto.

   Es hora de mirar con realismo y con honestidad la fuerza actual con que contamos. Desde nuestro punto de vista, es la hora de dar un paso atrás, de recoger lo ganado y de preparar las siguientes batallas. De no hacerlo, nos exponemos a una situación como la habida en la UNAM, a que perdamos más escuelas ante la espuria sección 59. También es un hecho que algunos compañeros han regresado a trabajar sin que desde la sección hayamos decidido hacerlo. Todo esto nos pondrá en peores condiciones para dar las siguientes batallas.

   Es hora de continuar la batalla en otros escenarios. Es hora de decirles a los padres de familia que gracias a su apoyo se preservó la gratuidad y que se necesita la formación de los Colectivos Escolares con maestros, padres y alumnos para hacerla realidad. Es hora de enviar brigadas a los estados del país que logramos despertar a la lucha para que se incorporen a la CNTE y repudien a los líderes traidores del SNTE. Es la hora para, desde nuestras escuelas, resistir la imposición de las nuevas leyes y evitar su aplicación. En esas circunstancias podremos considerar si, entre todos los maestros del país y otras fuerzas afines, es posible organizar una huelga nacional con la que podríamos derogar las contrarreformas.

Es hora pues, de dar un paso adelante y dos pasos atrás.

 

 

Teoría y práxis

Por Javier Gálvez

En estos momentos, -en los cuales la represión se ha ensañado contra el pueblo mexicano, principalmente contra aquellos que protestan-, es necesario hacer un doble esfuerzo para continuar con la resistencia. Pero el doble esfuerzo al que me refiero no es sólo en la práctica o práxis, el que se da en las calles y con las protestas, sino que también es necesario el esfuerzo reflexivo o teórico. Ambos son necesarios y no se puede prescindir de alguno de ambos aspectos en la lucha por el socialismo. Deseo concentrarme en este momento en la reflexión, y la aplicación adecuada de esta reflexión en la realidad o en la práctica social.

Nuestro maestro, Nahuel Moreno, dijo en su obra Lógica Marxista, lo siguiente: “El secreto de la dialéctica hegeliano-marxista es la relación orgánica. Las contradicciones están en una relación, unidad o totalidad determinada. Descubrir esa relación y su dinámica determinada es la tarea de la dialéctica marxista”.[1]

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La relación orgánica es la relación que una persona, -como sujeto que piensa-, encuentra en la realidad, en este caso, la realidad social, que no es otra que nuestro país y todo lo que ocurre en él. En nuestro país se dan contradicciones, las cuales obedecen a las relaciones que establecemos todos los mexicanos. Estas contradicciones están determinadas, -es decir que son impuestas-, por la clase burguesa: los Slim, los Harp, los Helú, los Azcárraga, los Salinas Pliego y demás capitalistas. Pero si estas contradicciones son impuestas por la clase capitalista, verdaderamente son aplicadas por el gobierno, el ejecutivo o presidentes y gobernadores, el legislativo como las cámaras de diputados y senadores, y el judicial o el grupo de jueces que juzgan como culpables o inocentes a los ciudadanos. El gobierno no es otra cosa más que unos títeres de la burguesía. Las contradicciones en nuestra nación son aquellas que nos contraponen a los mexicanos, o sea, las que nos hacen ricos o pobres en cuanto los medios para acceder a la riqueza. La dialéctica o teoría marxista, es la que nos explica cómo y de qué manera se dan estas contradicciones, y la manera de resolverlas. Hagamos un recuento de las contradicciones o de lo que nos enfrentan a los mexicanos.

A principios del año, Peña Nieto impuso la Reforma laboral, (que propuso a finales del 2012 Felipe Calderón), la cual nos deja desprotegidos a los trabajadores.[2] En la primera semana de septiembre fue aprobada la mal llamada Reforma educativa, que deja desprotegidos a los profesores de primaria y secundaria que aún no tiene plaza, y, por oponerse a esta reforma laboral, los profesores fueron reprimidos y criminalizados, por el gobierno federal, del DF y por los medios de comunicación que sirven a la burguesía. En tercer lugar, en la segunda semana de septiembre, Peña Nieto propuso la reforma financiera, que grava con impuestos que afectarán principalmente a la clase media, lo cual provocará, como una reacción en cadena, que la pobreza en México se agrave más de lo que ya está.[3]

La reforma financiera está preparando la reforma energética, mediante la cual se trasladarán los rendimientos de PEMEX y CFE a los particulares, principalmente a empresas extranjeras como Iberdola y Stadard Oil. Antes, los gobiernos mexicanos utilizaban las ganancias de PEMEX para no gravar con más impuestos a los mexicanos, pero como estos rendimientos de PEMEX pasarán a manos privadas con la Reforma energética, Peña Nieto necesitará dinero, que obtendrá de los impuestos a las clases medias al través de la Reforma financiera.

Apenas en un año de gobierno, Peña nieto ha orquestado una serie de políticas  verdaderamente agresivas contra la clase media y baja de nuestro país. Con sus cuatro estrategias, -la laboral, educativa, financiera y energética-, Peña Nieto está transformando a la mayor parte de los mexicanos en pobres y en pobres extremos; es decir que en México hay, por lo menos, 11.7 millones de personas que hoy se levantaron sin qué comer, y que se acostarán habiendo comido, si tiene suerte, alguna tortilla con chile o frijoles. El dinero que deberían percibir los mexicanos se lo ha gastado el gobierno mexicano en rescates financieros como el fobaproa, que beneficia sólo a los grandes consorcios, o la devolución de impuestos que gozan, por ejemplo, Televisa.[4]

Ahora bien, la políticas que ha implementado Peña Nieto, y que se podría comparar, metafóricamente, con una guerra de exterminio contra la clase media y baja, por parte del sistema capitalista, -del que forma parte Peña nieto-, no se da sólo en el nivel financiero, sino, con la misma saña, en el nivel de hostigamiento y criminalización contra la protesta social, como es el caso de la represión que sufren las autodefensas de Aquila, que defendían a su pueblo contra los narcos. Las autodefensas fueron detenidas por soldados del Ejército y la Marina, en lugar de detener a los narcotraficantes. A las autodefensas ya les dictaron formal prisión por parte del sistema jurídico mexicano.[5] Pero, mientras se reprime y encarcela a indígenas que se levantaron en armas contra el crimen organizado, el sistema jurídico criminal dejó absuelto al antiguo jefe de jefes de los narcotraficantes, Rafael Caro Quintero, alegando que su proceso judicial estuvo viciado.

Tenemos entonces que el Estado mexicano reprime no sólo a los que se defienden contra los narcos y libera a los criminales, sino que encarcela a los luchadores sociales, como es el caso de Alberto Patishtan, sentenciado, -por el mismo sistema judicial que liberó a Caro quintero-, a 60 años de cárcel.[6] De igual forma persigue y asesina a los descendientes de los defensores del pueblo, como ocurrió con la hija de Lucio Cabañas, el antiguo guerrillero comunista de Guerrero. Micaela Cabañas Ayala, -hija de Lucio Cabañas-, ha sido amenazada de muerte por ser hija de un antiguo guerrillero. La sola presencia de Micaela es un símbolo en la región donde peleó Cabañas, porque ahí se conmemora el alzamiento y la muerte del guerrillero, siendo así que siempre está latente otra insurrección. Micaela Cabañas pidió ayuda para salir del país, junto con 17 integrantes más de su familia, porque, -después de que asesinaron a su madre y a su tía-, ella y varios integrantes de su familia han recibido amenazadas de muerte.[7]

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Mientras tanto, en Jalisco, la familia de Caro Quintero ha empezado a ser investigada por la DEA por lavado de dinero, heredado y mantenido por el narcotráfico en Jalisco, mediante empresas como ECA Energéticos, SA de CV, empresa gasolinera, El Baño de María, S. de RL de CV, tienda de productos de belleza, Pronto Shoes, SA de CV (también conocido como CX-Shoes), empresa de calzado y Hacienda Las Limas, SA de CV, un spa resort.[8] Caro Quintero nunca dejó de ser un narcotraficante prominente y con un inmenso poder en el mundo del crimen organizado. Su hijo, Héctor Rafael Caro Elenes, aparte de ser investigado por lavado de dinero, se dedica a la equitación, ha ganado varios premios para México en competencias ecuestres internacionales. Aparece frecuentemente en revistas de glamour de Jalisco como “Gente bien”. Toda la familia de Caro Quintero es considera gente de bien, y trabajadora, por parte de aquellos que se benefician del sistema capitalista en Jalisco. Paradójicamente la extinta Policía Federal no tiene expedientes de Rafael Caro Quintero, pero sí tiene 19 expedientes de Lucio Cabañas, de 200 a 500 páginas cada uno.[9] Es decir que Rafael Caro Quintero no es considerado delincuente por la antigua Policía Federal, pero Lucio Cabañas si que fue peligroso, según esta policía hecha ex profeso para reprimir al pueblo.

Estas son, a grandes rasgos, las contradicciones que nos enfrentan a los mexicanos, es decir que los luchadores sociales están expuestos a que les acusen de algo falso y sean encarcelados, o que les amenacen de muerte a ellos y sus familias. Aparte de que el poder adquisitivo pronto se verá mucho más disminuido debido a la reforma financiera de Peña Nieto.

Lenin, junto con el partido Bolchevique, creó una república obrera en Rusia. Pero lo hizo dando dos pasos adelante y uno para atrás. El pensamiento de la gente en México ha empezado a dejar de tomar las noticias de forma aislada. Se empiezan a unir las ideas o a concretar porque han sido tocados los intereses de las personas. Las revoluciones, por regla general, han triunfado cuando la clase media es tocada en sus intereses y se unen a los desposeídos y pobres. Es tarea de nuestro partido ganar e impulsar una verdadera revolución obrera y socialista, aprovechando el descontento que las clases medias empiezan a sentir contra los partidos burgueses. Solo el socialismo es la solución contra la barbarie capitalista y criminal.

 


[1] Moreno, Nahuel. Lógica marxista y ciencias modernas. México. 1981. Ed. Xolotl. p. 29.

[2] Debido a la reforma laboral, las grandes empresas que cotizan en la Bolsa Mexicana de Valores y las que conforman el Consejo mexicano de hombres de negocios, pudieron despedir, de enero a julio, sin ningún problema legal, a 60 mil 479 trabajadores. La Jornada. 05 de agosto.

[3] México cuenta en la actualidad con una población de 145 mil millonarios y 2 mil 540 multimillonarios, los cuales acaparan el 43 por ciento de la riqueza total individual del país. (Cfr. La Jornada. 19 de junio). Según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social (Coneval), en 2010 se registró un incremento de 3.2 millones de personas en pobreza (lo cual suman 52 millones en total), mientras el número de gente en pobreza extrema continuó en 11.7 millones. (La Jornada 15 de noviembre de 2012). Estos datos son duros; como la producción de riqueza en la nación no puede aumentar porque las personas y las empresas tienen un tope de producción, entonces se da que, mientras más capital se acumula en pocas manos, aumenta la pobreza en muchos.

[4] La administración calderonista regresó 133 mil 217 millones a grandes empresarios. (La jornada. 07 de junio de 2009). Esta devolución de impuestos fue por agradecimientos a estos consorcios comerciales por el apoyo a la campaña de Felipe Calderón, impuestos que también devuelve Peña Nieto.

[5] La Jornada. 26 de agosto.

[6] La Jornada. 14 de septiembre de 2013.

[7] La Jornada 3 de agosto de 2011.

[8] La Jornada Jalisco. 13 de junio de 2013.

[9] Cfr. Entrevista de Susana Zavala, en el programa de Carmen Aristegui, del día 12 de agosto de 2013. http://www.noticiasmvs.com/#!/emisiones/primera-emision-con-carmen-aristegui

La CNTE puede (y debe) cerrar este round a su favor

Por Ramón I. Centeno Rebelión

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Una de las joyas dentro del trotskismo latinoamericano es la distinción entre táctica y estrategia introducida por Nahuel Moreno: “la estrategia tiene que ver con el objetivo […] y las tácticas son los distintos medios para lograr ese objetivo”. Tomada del pensamiento militar, esta distinción es útil tanto para trazar nuestras acciones políticas como para interpretar las de nuestros enemigos. Por supuesto, una y otra dependen del contexto.

Peña Nieto ha desatado en 2013 una ofensiva neoliberal como no se veía en México desde Carlos Salinas. Ha impulsado en menos de un año, una reforma laboral, una “educativa” (que en realidad es la extensión de la laboral dentro del sistema educativo), otra energética y por último, una hacendaria. Es decir, como ha notado el analista socialdemócrata José Antonio Crespo, el equipo de Peña ha desatado un blietzkrieg , una guerra relámpago en varios frentes.

Desde una perspectiva general, la parte de la sociedad más dañada por la guerra Peñista, son las clases populares. Pero ellas están atomizadas, con sólo algunos sectores organizados. Por eso la reforma laboral pasó sin problemas, pero no así la educativa que encontró resistencia. ¿Cuál fue la diferencia? A diferencia del primer caso, en el segundo había una organización independiente, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). Desde la aniquilación del Sindicato Mexicano de Electricistas, la CNTE es el gremio independiente más importante y numeroso del país. Por ello está y seguirá en la mira. Los maestros son un peligroso ejemplo para otros trabajadores. La burguesía mexicana se orgasmea soñando con su exterminio.

En este contexto global, donde las clases populares están a la defensiva y con el reto de remontar su atomización (lo cual ha empezado a ocurrir con las policías comunitarias al sur de México), un objetivo estratégico debe ser “preservar a la CNTE”. En función de esa definición, las marchas y paros son tácticos. Ahora que el magisterio democrático tuvo un triunfo parcial, al lograr la eliminación de los aspectos más lesivos del primer proyecto de Ley del Servicio Profesional Docente, le conviene declarar el fin del “primer round”. Esto es, levantar el plantón y el paro, y hacer un repliegue para acumular más fuerzas para próximos rounds –que los habrá sin duda.

¿Por qué es correcto hablar de un “triunfo parcial” y no de una “derrota parcial”? Ambos términos son subjetivos, y por lo mismo relacionados con estados anímicos. Mientras en este ámbito el Pacto por México (esa coalición PRI-PAN-PRD dirigida por Peña Nieto) esperaba ganar todo, perdió algo; por su parte, la CNTE obtuvo algo luego de iniciar su resistencia con las manos vacías.

Ahora el reto es hacer un buen repliegue, en donde los maestros vuelvan a las aulas a continuar la actividad política. Urge, como ya se ha dicho, sumar a los padres de familia a la lucha, pero para hacerlo la CNTE deberá sumar reivindicaciones “generales” y no solo “particulares” de los derechos laborales magisteriales. Está en el interés del magisterio democrático detener la ofensiva neoliberal de Peña, contra la cual debería agitar animando la organización de otros trabajadores y campesinos.

El riesgo de no levantar a tiempo el plantón en el Zócalo y el paro en partes de los estados, es justo que el round termine en una derrota. No sólo por la dura (y evitable) represión que habrá en el plantón, sino por el riesgo de que más escuelas sean arrebatadas al magisterio democrático en huelga, como ya ha ocurrido en partes de Oaxaca a manos de la mercenaria Sección 59 del SNTE, con el aplauso de una minoría significativa de padres de familia. Como canta Juan Gabriel (“Juanga”): “¿Pero qué necesidad?” La CNTE merece quedarse con una victoria en este round.

En cuanto a la reforma hacendaria de Peña, sorprende por su audacia. Y es que es una reforma bien pensada, en tanto que busca cubrir el hoyo presupuestal que dejará la privatización de PEMEX sin enfrentarse (más) a las clases populares. Por eso le pasa la factura a las clases altas, en vez de las bajas, perdonándoles a estas últimas el IVA en alimentos y medicinas. Es decir, el interés estratégico del equipo de Peña es abrir el petróleo mexicano a los privados, y en relación a eso la reforma hacendaria es táctica, la cual ajustó en vista de la revuelta magisterial. Con este ajuste Peña eliminó el riesgo de escalar una lucha “particular” en una “general”. La CNTE también debe ajustar.

Hay que insistir, el levantamiento de la huelga no debe organizarse como una vuelta a la calma, sino como una reanudación de la lucha a nivel comunitario. El magisterio democrático puede (y debería) convertirse en uno de los ejes contra la privatización de PEMEX. Mientras López Obrador ofrece su liderazgo dictatorial sobre esa lucha, la CNTE podría abrir espacios democráticos.

Es crucial que la CNTE cierre este round a su favor. La necesitamos animada y viva para lo que viene